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La Regla de Osha no espera
por la providencia ni deja al destino la solución de las contingencias de
la vida. Para remediar lo indeseado, variar una situación, eludir
las consecuencias de un acto previo e incluso resolver un grave problema
ante el cual otros se mostraron escépticos o se declararon impotentes, la
Regla de Osha cuenta con un basto arsenal de hechizos y prácticas esotéricas
reunidas bajo el calificativo general de "shishés" ( trabajos
).
Además de
la intervención de las deidades, los iniciados en Osha disponen de una
extensa gama de talismanes o amuletos, conocidos como Inshé- Iré- Osain,
objetos de diversas confecciones y variadas formas cuya carga mágica
posee la virtud de proteger o materializar los deseos de su poseedor.
El vocablo
Inshé es una derivación de la palabra Shishé (trabajar, accionar,
realizar). Iré significa bienestar, un bien que se obtiene, se
espera o se posee. Osain, además de ser la deidad Yoruba que
representa la medicina, es el hechicero por excelencia y, por
extensión, se le llama Osain a la propia hechicería, en bien o en mal.
Es por ello que Inshé- Iré- Osain pudiera traducirse como " lo que
trabaja con la energía hechicera para el bienestar."
La práctica
de confeccionar amuletos ha sido y es una regla general de todas las
religiones animistas y su uso se remonta a egipcios y caldeos. Los
Inshés se preparan con diferentes procedimientos y componentes, de
acuerdo con los fines que se persiguen. Pueden integrarlos desde una
piedra, una medalla, o un trozo de madera consagrada a tales efectos,
hasta un cuerno o colmillo de animal, todo irradiado, o bañado, con su
respectiva infusión mágico-mística, en la que intervienen
elementos naturales, invocaciones y conjuros.
Tales
"resguardos", como comúnmente se les conoce, tienen la misión
de accionar en contra de los peligros y azares de la vida, contrarrestar
las energías negativas, atraer las positivas y llamar el beneficio.
Es creencia de los practicantes de la Osha que, si son llevados con
veneración y fe y fueron confeccionados con arreglo a las normas que
exigen los propósitos, los Inshés concederán los favores solicitados y
responderán a las demandas que se les hagan.
Con
independencia de que cada Inshé responde a una misión específica,
es indispensable la regencia de un Orisha para que le imprima el poder, o
"ashé" necesario, facultad privativa de las deidades.
Sólo los
iniciados tienen potestad para montar o fabricar los talismanes pues de lo
contrario carecerían de valor. Además, la operación debe
ejecutarse a una hora determinada, y algunas, incluso, en un día señalado
y bajo la influencia de un astro previamente escogido u orientado por el
oráculo. La importancia de los astros, al igual que la de los
elementos naturales, alcanza niveles superlativos pues su influjo
constituye un factor determinante a la hora de la confección.
Aunque la
imaginación del sacerdote interviene para los elementos externos, los
inshés responden a un Odún, o signo determinado del oráculo, con su
carga especifica, pero existen otros cuyas cargas deben ser averiguadas
mediante el oráculo. Aún en el primer caso, nunca deberá cerrarse
el Inshé sin antes preguntar si está completo ( Otá ), pues ningún
resguardo se da por terminado sin la aprobación de la deidad, y únicamente
se sella cuando todo cumple con lo establecido.
El contenido
es secreto y sólo lo conoce el oficiante. No es menester que lo
sepa el interesado, sea o no iniciado. Éste
sólo se enterará de algunos ingredientes que le solicitará el sacerdote
(tierra de la puerta de su casa o de las " cuatro esquinas " -la
intersección vial- más cercana, algún pedazo de oro, plata o coral, una
moneda, vellos del cuerpo, etc.) Quienes preparan los Inshés son
celosos guardianes del secreto y apenas ofrecen detalles acerca del resto
de los componentes o la manufactura, la cual realizan a solas, sin la
intervención del futuro poseedor, que recibe el producto ya terminado en
una ceremonia al efecto.
Los Inshés se colocan habitualmente dentro de pequeñas
bolsas de tela, cuyo color, con frecuencia, es el mismo del Orisha que lo
auspicia, aunque no existe un código estricto al respecto. En
ocasiones se envuelven en hojas de maíz o malanga, y se les enrolla hilo
de diversos colores. El conjunto se recubre después con parafina o
cera para darle cierta consistencia y preservarlo el tiempo requerido.
En muchos casos se adornan con cuentas del Orisha regente, o con
caracoles, todo según el arte o la imaginación del ejecutante.
En dependencia de los procedimientos de confección, los
Inshé tienen una larga o corta vida (período de utilidad o
efectividad luego del cual pierden su "ashé", su fuerza.)
Pero cuando esto sucede no se les bota, se les "da camino," que
es lo mismo que averiguar mediante el oráculo su destino, el lugar
en que deberá ser depositado. En el caso de que se pierdan o se
rompan, se da por sentado que cumplieron su misión.
Existen resguardos para obtener simpatía, acrecentar la voluntad,
obtener el favor de los Orishas o el de los espíritus, alejar las
enfermedades, consolidar una posición administrativa o social, ganar un
litigio, subyugar la voluntad de otra persona, aumentar la atracción
sexual, en suma, todo un repertorio de posibilidades. Sólo debe añadirse
que, para cuanta vicisitud se le presente al hombre en la vida cotidiana,
la magia de la Osha cuenta con una solución en el cuerpo, y la acción de
un Inshé. |