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Los medios utilizados por los
distintos sistemas y procesos adivinatorios son extraordinariamente
variados: el agua, la arena, los cuerpos celestes, la corteza de los árboles,
las líneas de las manos, y de los pies, los rasgos faciales, la textura
de los viejos brebajes como el té, el café, el peyote, los cuernos de
ciertos animales, el humo, las semillas, los caracoles y, entre otros
muchos, el coco ( fruto del cocotero ).
El oráculo de Biawe se realiza mediante el
empleo de cuatro cuescos o pulpas de coco, que sustituyeron en Cuba a los
originales Obi Kola (Elaeis Guineensis) de África. Tiene cuatro
posiciones principales que son otras tantas respuestas, pero su repertorio
alcanza hasta 96, de acuerdo a la figura que se dibuja en el suelo, las
sombras que proyectan los pedazos de nuez, y la posición en que quedan
estos con relación a la superficie, si cóncavos o convexos, (partes
oscuras o blancas). A pesar de ser el más sencillo, en apariencia, sólo
muy pocos pueden leer todo el repertorio del Biawe y los practicantes
utilizan únicamente las cuatro respuestas simples.
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