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Diccionario Botánico de Osaín                           

 

ELEGUÁ

El orisha Eleguá es el primero entre todos los guerreros del Panteón Yoruba, el dueño absoluto de todos los caminos y del destino de los hombres. Poseedor de las llaves del porvenir. Quien abre o cierra la puerta a la desgracia o la felicidad. Protector del hogar. 

Algunos estudiosos de la Regla de Osha lo han tomado como el representante del balance, la guía, el término medio entre los límites; el punto medio entre lo positivo y lo negativo: el equilibrio. Forma pareja con Eshu, quien está presente en todas las desgracias. Ambos se complementan, ya que no puede haber seguridad sin peligro ni sosiego sin inquietud. Se desdobla en cientos de avatares que constituyen otras tantas expresiones o circunstancias de la existencia universal. 

Viste una chaquetilla, un pantalón ceñido en la rodilla y un gorro rojo, grande como el típico de los cocineros.  Todo en rojo y negro.  En ocasiones, las patas del pantalón son rojas y negras o, en ambas, listas alternas.  Tanto la chaqueta como el pantalón y sobre todo el gorro suelen estar adornados con cascabeles, cuentas y cauris. En una de sus manos empuña el garabato, una especie de gancho de madera u horqueta de dos a tres pies de largo, artefacto que lo distinguiera como deidad fálica en los albores de la cultura

Fue el mismo Eleguá quien pidió a su madre que lo llevara ante Olofi, asegurándole que lo curaría. El pequeño orisha recogió yerbas para preparar un brebaje que hizo beber al enfermo. Olofi comenzó a sanar y pronto se restableció. Cuando se sintió recuperado le dijo a Eleguá: Siendo tú el más pequeño de todos los orishas, serás el más grande. De ahora en adelante serás mi mensajero en la tierra y en el cielo y nunca se podrá hacer nada sin antes consultar contigo. Ordenó a los orishas mayores que se diera a Eleguá las primicias en todas las ofrendas y le entregó una llave, haciéndolo dueño de todos los caminos que tiene la vida. 

Eleguá posee un carácter burlón e infantil que puede relacionarse con los inesperados virajes del destino. Se hace notar en la incertidumbre que provoca la obligada decisión ante la alternativa, antes y después de tomar una decisión, unas veces con resultados felices y otros desgraciados. Eleguá personifica ese carácter totalmente impredecible del albur, el cual nos abre o nos cierra los caminos de la vida. 

El número con que se relaciona es el tres, el día de la semana, el lunes. Su fiesta se celebra el 13 de Julio. En el sincretismo, se le conoce como el Santo Niño de Atocha, San Antonio de Padua y el Ánima Sola.

La pareja Eleguá y Eshu representa la expresión mítica de la inevitable relación entre lo positivo y lo negativo.

Su receptáculo es un güiro o freidera de barro.

La piedra que se manda a buscar depende del camino que marque la letra: puede ser la loma, el río, el bosque, etc.  Y puede ser de diferentes formas, pero siempre de aspecto humanoide.  Generalmente tres cauris figuran los ojos y la boca.  Debe situarse detrás de la puerta y en contacto con el piso.  Eleguá lleva cualquier tipo de elementos naturales, pero se emplean en dependencia del camino.  También se representa en un coco seco.

A Eleguá se le atribuye todo tipo de objeto utilizado en juegos infantiles, papalotes, pitos, bolas, soldaditos, también todo tipo de llaves, machete, garabato, sombrero de guano, artes de caza y pesca, pepitas de oro y monedas de plata, palos de monte, bejucos, escopetas y cananas, tarros de venado, cocos secos decorados, porrones y tarros de chivo.

Los collares son de color rojo y negro, que representan la vida y la muerte, el principio y el fin, la guerra y la tranquilidad, lo uno y lo otro.

Se le ofrenda aguardiente, tabaco, maíz tostado, coco, pescado ahumado, bollitos, jutía ahumada, manteca de corojo, velas, dulces de todos los tipos (raspaduras,  coco acaramelado, etcétera), caramelo.  Una ofrenda muy especial es colocarle una cabeza de jutía o sacrificarle un ratón.

Los animales son chivos y chivitos, pollitos (negros, jabaos y rojos), pollos y gallos, ratones, jutías, venados, jicoteas, y en algunos tipos de Eleguás, palomas (dos).  Su mensajero es el ratón.

En el baile cuando este orisha se sube, corre a situarse detrás de la puerta, que es su lugar ritual.  Brinca y se agita como un chiquillo, hace muecas y mima juegos infantiles, como empinar un papalote y bailar un trompo.  Le hace bromas a los espectadores, se va y luego regresa, no deja de hacer monerías, algunas de las cuales pueden ser eróticas.  Siempre se le entrega un garabato con el que representa apartar la maleza, subrayando su papel de abrir los caminos.  Frecuentemente baila  en un solo pie y dando vueltas, en lo que parece ser una alegoría del remolino.

En general podemos decir que el carácter burlón e infantil con que se representa a Eleguá pretende imitar los inesperados virajes del destino, las alternativas, unas veces felices y otras desgraciadas, de la suerte.  Eleguá personifica ese carácter totalmente impredecible del azar, que nos abre y nos cierra los caminos arbitrariamente y que, en tantas ocasiones, también parece burlarse de nosotros.  Se le dedican tres toques en el Orú del Eyá Aranlá.

Las aflicciones de las que protege son los accidentes, riñas, muertes por hemorragias incontenibles y, también, las provocadas por traiciones, agua en la sangre, penas y miserias.

Día de la semana: Lunes y el tercer día de cada mes.

Colores: Rojo y negro.

Animales / Comidas: Cabras pequeñas, gallos, monos, ovejas, toros, bueyes, venado, pescado y jutía ahumada, boniato, caña de azúcar, manteca de corojo, aguardiente, tabaco, coco, caramelo y miel de abeja.

Hierbas: Abre camino, sargasso, ortiga, arañuela, jacobino, solano, fríjol de carita, ateje, alacrancillo, gandules, almácigo, alcanfor, ají guaguao, maíz, aguacate, alcanfor, baría, bija, ébano carbonero, gambute, huevo de gallo, jurubana, ñame, ojo de ratón, palo moro, pata de gallina, rasca barriga, raspa lengua, ciguaraya, travesera, coco, corojo, guayaba, crotón salvaje, café, hierbabuena, capullos de rosa seca, rompe saragüey, senna, y menta.

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